Claro que es digno de celebrarse que un teatro independiente cumpla ni más ni menos que 50 años. Tú no tienes por qué saber lo difícil que es mantener un teatro independiente en México, ya no digas por 50, por un solo año. Me imagino que la Fundación Octavio Paz o la Casa de México en París no han vivido ni viven precisamente de su público. Indicas bien, yo soy la promotora de esta celebración, junto con Liliana Felipe, Salvador López Antuñano, Boris Shoemann y mucha gente que ha trabajado en este lugar.
A continuación señalas que ahora los edificios heredan, no alcanzo a medir tu agudeza. Pero como bien sabes cuando uno tiene en las manos la casa de trabajo de un poeta, te enteras de muchas cosas de esa persona: por las huellas dejadas en los árboles, por los tesoros ocultos en sus bibliotecas, por su presencia en el lugar y, por supuesto, por su obra y lo que de ella se ha escrito.
Hace 20 años que yo trabajo en este espacio y no soy experta en la obra de Novo, no soy experta en nada. Sé por el gran libro de Monsiváis, Lo marginal en el centro, que Novo tenía dos caras: la frívola y la disruptiva; la que coqueteó con el poder y la que transgredió a su propia sociedad. En fin, creo que como lo expresé estos días, el caso de Salvador Novo, por su genio y sus defectos, resulta paradigmático para analizar la posición de los intelectuales mexicanos en la actualidad. Lo de menos es canonizarlo o colgarle milagritos en las llagas que él mismo se infligió: a mí toda la jerga religiosa, y la propia religión, me rebasan. Soy tan materialista que me gustaría heredar el edificio.
Te habrás dado cuenta de que desde que los amigos de Jorge Castañeda se fueron de agregados "culturales" al extranjero, y se sacrificaron sumándose al proyecto de Fox, ya no se les oye hablar, no hay opinión sobre la vida diaria y los problemas cotidianos que enfrenta el campo, los medios, la cultura, la economía. No me extraña, se les paga para quedarse callados. (Por cierto, no sé si se enteraron, pero Jorgito ya se fue y nos dejó sin su simpatía. Por suerte con la de Fox nos basta.)
En ese sentido me parece magnífico que te ocupes de México y que, motivado por el tema de la moral de Novo -apremiante para el país- reflexionemos todos juntos sobre el papel de los intelectuales.
Me gustaría saber qué piensa Hugo Hiriart en Nueva York sobre el gansteril Salinas Pliego, qué dice Felipe Ehremberg al respecto del campo mexicano, cómo ve Volpi los asesinatos en Ciudad Juárez. Qué opina Alejandro Aura de la candidatura de Yuri, qué dirías tú de las bicicletas de Marta Sahagún, etcétera, etcétera, y escucharlos a diario y verlos participar en la lucha cotidiana que este momento del país reclama con desesperación. En lugar de todo esto, me entero de que Rafael Tovar y de Teresa, el bon vivant, después de concluir el engendro que es el CNA, se pasea satisfecho en su limousine en París o en Florencia después de haber servido a su país lo suficiente (eso sí, si se compara con su capacidad). ¡Al fin la revolución le hizo justicia!
Octavio Paz hizo lo que tenía que hacer cuando después de la masacre del 2 de octubre renunció a la embajada de la India y creó posteriormente a su alrededor una corte tan popof como el México que tú mencionas, en la que nadie se podía atrever a disentir.
La política de Paz fue para muchos de nosotros muy cuestionable, especialmente en relación con la lucha de los zapatistas a quienes clasificó como "trosquistas trasnochados", "entronizadores del lugar común" y "desaprensivos apologetas del totalitarismo maoísta" (esto ya lo he usado en varios sketches y siempre da risa). El tiempo nos ha demostrado que fueron en ese momento y continúan siendo el dique más importante a las salvajes políticas neoliberales. Por cierto, recuerdo que Octavio Paz al final de su vida reconoció que se había equivocado en apoyar el libre mercado... ¿Demasiado tarde?
400 intelectuales gringos se reunieron para decir "no en nuestro nombre" a la guerra de Irak. Más allá, otros valientes se van de escudos humanos -¡qué huevos!- a tratar de detener la guerra mientras que aquí se van a trabajar al servicio exterior y a quedarse calladitos.
Los intelectuales son importantes para un país. Más aún cuando no hay uno solo en el gabinete y gobierna la ignorancia y el desprecio a la inteligencia. Oímos algunas voces como la de Elena Poniatowska, siempre pendiente, siempre comprometida, siempre arriesgada. El maestro Sánchez Vázquez y algunos otros pocos. ¿Qué les pasa a los demás? ¿Dónde están? Como decía ese gran humorista que fue Lenny Bruce ante su público absorto: "Hagan algo. Sé que están ahí; los oigo respirar" (y cobrar sus quincenas, agregaría).
PD: Y para seguir celebrando los 50 años propongo ponerle su capilla a los siguientes santitos: Marcial Maciel, Marta la piadosa, Millonésimo Cepeda, Norburro Primero, Fox nuestro señor, el milagroso Slim, Juanpa, San Jorge mártir y al santo intelectual mexicano: San Seacabó.
Jesusa Rodríguez
2 de febrero de 2003
Lo importante es opinar, dice Sheridan
Señora directora: Le suplico que en atención a mi derecho de réplica, se sirva usted publicar esta carta que responde a la que, en las páginas del diario que usted atinadamente dirige, me dirigió la señora Jesusa Rodríguez el pasado día 29.
Maestra Jesusa Rodríguez: tienes razón: basta de reflexiones y libros. Lo importante es opinar. Olvidémonos de Novo y Díaz Ordaz y todo eso y opinemos. Sobre los intelectuales que "se les paga para quedarse callados" opino: ¡vendidos canallas éstos, vergüenza había de darnos! Sobre "el gangsteril Salinas Pliego" opino: ¡muy, pero muy mal, muchachito gángster éste!. Sobre "los asesinatos de Ciudad Juárez" opino: ¡exijo que se detenga a los culpables y se les aplique la ley hasta sus últimas consecuencias! Sobre lo que según tú dijo Octavio Paz sobre el (neo)zapatismo, opino: ¡imperdonable! Etcétera.
Ahí tienes. Ya opiné. Sin duda, esas "realidades de la lucha cotidiana" se cimbraron ante mis opiniones. Espero que con eso baste para considerarme partícipe "en la lucha que en este momento el país reclama con desesperación". ¿Tendré futuro como opinador? Habrás visto que ni siquiera dije, en relación a Paz y las frases que sobre el neozapatismo le adjudicas, que es mentira, que Paz jamás dijo nada de eso, ni que te reto a probar lo contrario. Ya entendí pues que para opinar se vale mentir, esa forma de corromper. ¿Voy bien?
(Oyes, Jesusa, la neta está de pelos opinar. ¡Es muy agradable! La verdad no importa, toma menos tiempo y trabajo que pensar, no digamos escribir. ¡Luego de opinar uno se siente como importante! ¡Me siento muy bien, como aureoladito! ¡Y todo es cosa de pensar en la injusticia del día (o de inventarla), y luego opinar mintiendo, o ironizando o insultando y ya! Y si pagan por hacerlo, ¿qué mejor?).
Yo le entro, oyes. Dejo mi limusina y mis placeres parisinos y me regreso a Coyoacán, chic, pero ahí está mi casa, sabes... Yo sé que sería mejor vivir en la colonia Dedo Prensil, o una de esas, para opinar con mayor autoridad... Y ya en Coyoacán, puedo poner un cabaret para opinar ante mi público. Ah, pero tu cabaret ya está ahí... (Dime: ¿cómo le haces? ¿Todos los días viajas a Coyoacán en tu pesera, desde la colonia proletaria donde seguramente vives bien sumergida en la realidad que amas?) Oyes, y ¿no importará que haya dos cabarets de opinión en Coyoacán? Y ya que estamos en eso, cuéntame: ¿fue mucho problema arreglar ahí el uso de suelo, y la licencia para expender licores y esas cosas de la ley? ¡Caramba, espero que no! Porque habría más de un canalla dispuesto a opinar que sin licor, bajaría la clientela que quiere escucharlo opinar a uno. Ahora que si me ponen obstáculos, ya opinaré sobre el derecho humano que tiene la gente de embeodarse mientras aplaude opiniones con las que está previamente de acuerdo y qué.
Pero... ¿y si te hago la competencia y te quito público? ¿Y si bajan tus ingresos? Ten en cuenta que llevas cuatro lustros vendiendo el mismo producto y quizás tu clientela ya se fatiga (menos mal que tus opiniones no han tenido efecto y sigue habiendo injusticias, que si no...) Aclaro que mi opinión sobre la competencia y el libre mercado y las "salvajes políticas neoliberales" es: ¡criminales! Aunque, si fuere el caso, siempre podrías pedir otra Beca Guggenheim, pues felizmente todavía está ahí tu influencia (y si alguien opina qué vergüenza recibir dinero gringo manchado de la industria armamentista, opinaremos lo contrario). Me encanta que opines en tu carta que no te interesan las cosas materiales, los carros de lujo, las mansiones, las criadas y todo eso. Trataré de imitarte también en eso, pero por lo pronto confieso ser un burgués que ama los coches importados, las criadas eficientes y las casas bonitas en Coyoacán (mi opinión sobre mí mismo: ¡Rata burguesa funesta!). Pero igual, ¿quién quita? Un día logro todo eso a fuerza de opinar.
Si le perdonaste a Novo su amistad con Díaz Ordaz y el apoyo a su régimen genocida como un "negrito en el arroz", no hay remedio: en congruencia me tienes que perdonar ser un intelectual que vende su silencio. Cuando vuelva a Coyoacán, venderé opiniones. Te agradezco la pista.
La opinión nos hará libres.
Guillermo Sheridan
"Es mejor opinar que empinarse"
Al director de la casa de México en París, Guillermo Sheridan:
El gobierno para el que trabajas es el que desea desaparecer la lectura y el pensamiento, de ahí que se me ocurriera que quienes a eso se dedican deberían defender su fuente de trabajo (difícil en tu caso, te paga tu enemigo). Por otro lado me da mucho gusto la noticia de que vengas a abrir un cabaret a Coyoacán, aunque sea mamón. Se crearían empleos y nuestros impuestos no se gastarían en mantenerte en el extranjero.
En términos carperos: mejor que opinen a que se empinen.
Jesusa Rodríguez